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Hola, ¿cómo vais Diosas? Hace algunas semanas me atreví a resumir los principales arquetipos de la personalidad como una herramienta válida de conocimiento personal y de comprensión de nuestras diferentes etapas vitales, que desarrolló el pensador Carl Jung. Hoy continuo con una alegoría que a partir de estos arquetipos nos ayudan a interiorizar y dar luz a las emociones que nos guían en nuestro camino por el mundo. Allá vamos:

Jung propuso entender narraciones clásicas tales como la Iliada o la Odisea como símbolos del proceso de transformación  personal que todos en algún momento de nuestra vida nos hemos visto abocados a llevar a cabo. Jung llamó a este proceso «El viaje del héroe».

Este viaje suele empezar con una llamada; es una necesidad de abandonar el mundo ordinario y conocido a fin de desplegar todos nuestros potenciales y experiencias no vividas.

En aquellas narraciones míticas, los héroes surgen en periodos de crisis, colapsos y precariedad tanto a nivel social como individual. Se nos presentan circunstancias tan asfixiantes y penosas que nos sentimos atrapados y con ansias de cambiar.

Así, la llamada del héroe puede surgir con  una oportunidad de ascenso económico, una oferta de trabajo en el extranjero, una nueva pareja o incluso una enfermedad.

La meta de este camino sería la búsqueda de un tesoro: la tierra prometida. En su búsqueda, el viajero va encontrando tesoros que no había imaginado. Antes de emprender el viaje, suelen presentarse casualidades que poco a poco nos van ayudando a elegir el destino de nuestro viaje. A esas casualidades, Jung las llamó Sincronicidades y expresan la relación entre el mundo material e inmaterial.

El mito del héroe representa un nuevo nacimiento; supone coraje y humildad para soportar los obstáculos y superar los retos que se nos presenten en el camino. Este camino implica dejar morir determinadas conductas y apegos a fin de renacer a una versión mejorada de nosotros mismos. La diferentes etapas del camino se pueden ver como el tránsito por cuatro arquetipos:

  1. Inocente: Se refiere a nuestro lugar familiar de origen, donde nos sentimos seguros pero que llegado el momento, nos resulta demasiado pequeño y limitado; nos impulsa a emprender el viaje de cambio. En esta etapa albergamos falsas ilusiones que luego se caen al enfrentarnos con la realidad. Aparece entonces el siguiente arquetipo cuando lo que habíamos imaginado se desvanece.
  2. Huérfano: En esta fase nos vemos obligados a tirar para adelante, a hacer cosas que nunca pensamos que haríamos. Nos sentimos frustados y deprimidos ante las dificultades, parece que entramos en un laberinto del que no sabemos salir. Nos llegan tentaciones de renunciar a nuestro sueño y regresar a lo conocido. Sin embargo, si persistimos nos encontraremos con la oportunidad de explorar nuevas facetas de nuestra personalidad, de ser más flexibles y adaptarnos a las circunstancias que estamos viviendo. En los momentos más penosos, comienza a emerger el siguiente arquetipo del viaje.
  3. Guerrero: Es ahora cuando hallamos, en lo más recóndito de nosotros, la energía para superar los obstáculos. Contamos con nuevos recursos y herramientas que nos dan fuerzas para continuar. Despacito y gracias a las vicisitudes del camino vamos recuperando la ilusión y la esperanza por continuar. Parece que el destino se nos va haciendo más acogedor y vamos adquiriendo seguridad en nosotros para practicar las nuevas habilidades adquiridas.
  4. Mago: Finalmente surge el último de los arquetipos; es aquél que nos brinda el aprendizaje y sabiduría para comprender que tanto los buenos momentos como los peores sucesos han sido necesarios para encontrar el tesoro que buscábamos, que no es otro que aumentar el conocimiento de nosotros mismos y de los demás.

El fin del viaje del héroe culmina cuando al regresar a nuestro punto de partida nos sentimos extraños, pues ya no somos las mismas personas que comenzaron el viaje. Esa sensación es el continuo afán de autorrealización, autoconocimiento para redescubrirnos constantemente.

El viaje del héroe es la oportunidad de ser conscientes de que sólo necesitamos ser felices y procurarnos una vida con sentido y enriquecedora.

Espero de corazón que estos patrones de personalidad resuenen en vosotras para aportar luz sobre nuestra existencia.

¡Hasta el próximo artículo!