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¿Qué tal Diosas? Como continuación del anterior artículo sobre la energía del otoño, hoy termino con algunos apuntes sobre nuestra condición energética durante esta etapa del año.

Como os decía, el otoño es un estado ideal para recogernos y concentrar la energía hacia adentro ya que el movimiento del planeta es descendente: caen las hojas y llueve. Los árboles aúnan la savia hacia el tronco por eso se les caen las hojas. En nuestro cuerpo pasa lo mismo, la energía se concentra hacia el plexo solar: Sede del ego, del poder personal, de nuestra luz y de nuestra sombra. Según lo tonificado que esté este conjunto de órganos, se manifestarán los arquetipos del guerrero o bien de la víctima.

Durante el verano tardío tendríamos que haber tonificado los órganos de centro: estómago, bazo y páncreas para fortalecer nuestra autoestima y adquirir seguridad y confianza. Llevando una vida práctica mantenemos a raya las preocupaciones y sabemos decidir resolutivamente. En contraposición, con unos órganos de centro desequilibrados representamos el papel de víctimas ante la vida: todo nos parece difícil.

Si durante el verano tardío no hemos aprovechado la transición para fortalecer nuestra autoestima tonificando el estómago, bazo y páncreas, lo primero que sentiremos en otoño será ansiedad pues nos agobia regresar a la rutina diaria.

Para ayudarnos a replegarnos en nosotros mismos, convendría usar en nuestros platos el sabor dulce en consonancia con el ácido a fin de que el hígado no sea un tirano y nos ayude en nuestra vuelta al centro. Lo encontraremos en la calabaza, granadas, cebollas dulces y las castañas. Hacia mediados de noviembre que comienza el frío de verdad, podemos observarnos deprimidos y tristes. Para superarlo a parte de seguir la dieta energética que nos aconseja la macrobiótica, deberíamos hacer una recapitulación de lo vivido hasta ahora para dar un salto cuántico de progreso y transformación en lugar de seguir viviendo el día de la marmota.

De todas las novedades que nos han traído la primavera y el verano, vamos a dejar solo lo que nos sirve. Luego planificaremos el último trimestre del año para culminarlo cumpliendo nuestros propósitos y dar ese salto evolutivo que os he mencionado antes. En otoño la energía nos invita a parar y reflexionar sobre nuestra vida. Requiere silencio para regresar a nuestro ser, a nuestra esencia. Es momento para aflojar y reducir en lugar de darnos esas palizas de actividades y horarios sin descanso. Ir en contra de la energía del otoño haciendo lo opuesto, significa castigarnos a nosotros mismos pues socavamos nuestra salud y destruimos nuestros sueños.

El otoño requiere un acto de coherencia y también de valentía ya que al concentrarnos silenciosamente en nosotros observamos nuestra sombra, nos enfrentamos cara a cara a ella a fin de reconocernos tal y como somos verdaderamente. Gestionar la luz y la sombra te convierte en una Guerrera que evoluciona hacia una Sabia quien se comprende así misma, a los demás y al mundo.

No hace falta decir que el otoño me encanta, no sólo por lo bonitos que están los parques y bosques con su manto de hojas amarillas y rosadas sino porque desde siempre esta estación me ha impulsado a recogerme, aunar mi energía, recapitular y meditar.

¡Hasta el siguiente post!