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Hola Diosas, ¿Qué tal vais?

Me gustaría hoy adentrarme algo más en la transformación personal que podemos experimentar una vez que aplicamos las «pautas macro» que os estoy explicando. Michio Kushi  nos dice que existen 7 niveles de la salud al que todos deberíamos aspirar y que podemos alcanzar practicando la Macrobiótica. La enfermedad la entiende como una reacción natural que tiene el cuerpo de descargar toxicidad y recuperar el equilibrio; según él estos estados de la salud integral son:

  1. Tener energía y vitalidad: Debido a la alimentación artificial y el estrés que soportamos a diario, la mayoría de nosotros adolece de cansancio crónico. Sin embargo, con una dieta equilibrada y energética así como abriendo nuestra mente a nuevos paradigmas se puede revertir.
  2. Tener buen apetito: Hay que disfrutar con la comida claro, pero no utilizarla para tapar vacíos o silenciar ansiedades.
  3. Dormir bien: El número de horas dependerá de la actividad diaria que tenga cada uno así como de otros factores como acostarse temprano y mantener a raya el estrés, pero en general, con un mínimo de 7 a 8 horas de sueño de calidad nos aseguramos un descanso reparador que nos permite recuperarnos completamente.
  4. Gozar de buena memoria: En mi colegio cuando yo era pequeña, nos decían que el cerebro es un músculo que hay que ejercitar y añado además, que hay que estimular con aprendizajes nuevos y constantes para evitar que se aburra.
  5. Buen humor: Como yo lo entiendo, no significa no enfadarse  sino saber gestionar el enfado; expresar nuestros sentimientos para dejar paz y tranquilidad en nuestra alma.
  6. Mover el «body»: Más bien se trata de que cada uno encuentre el tipo de deporte que le haga sentir bien y con energía sin agotarlo ni sacrificarse. Así, ganaríamos rapidez de pensamiento y acción.
  7. Agradecer la vida: Creo que la palabra Gracias debería estar entre las primeras de nuestro diccionario personal pues es con ella con la que entendemos que la vida es un aprendizaje continuo; alejando así el resentimiento, el miedo y la culpa.

Al principio serán pequeños cambios, muy sutiles y luego la transformación será patente, no dejando dudas de cómo nos sentíamos física y emocionalmente antes a cómo nos sentimos tras cambiar nuestros hábitos alimentarios.

Según Kushi, al comenzar con el cambio en la alimentación, iniciamos una limpieza completa de nuestro organismo, cada primavera el cuerpo siente la necesidad de descargar las toxinas acumuladas y cada 7 años se vuelve a producir otra limpieza orgánica. Por eso dice, que «los 7 primeros años de macrobiótica los dedicaremos a recuperar la salud, los siguientes 7 años, para conservarla y los próximos 7 años para lograr nuestros sueños».

Una vez que nos adentramos en la Macrobiótica y alteramos el tipo de los alimentos, el orden en que se ingieren y la calidad de los mismos comenzaremos a experimentar:

  1. Los primeros 10 días se renueva el plasma sanguíneo.
  2. Los siguientes 30 días se renuevan los glóbulos rojos pudiendo aparecer ya las primeras alteraciones físicas en forma de fiebre, antojos por los alimentos que hemos dejado de comer, irritabilidad, cansancio, dolor de cabeza, problemas en piel y digestivos.
  3. Continuando con esta alimentación equilibrada, en un período de 4 a 8 meses podremos conseguir renovar los glóbulos blancos hasta alcanzar una sangre 100% nueva partiendo de la macrobiótica.

Aunque de entrada son los cambios físicos los primeros que notamos, a un nivel más profundo donde más se nota el equilibrio y la renovación es en el plano mental, emocional y espiritual.

Respecto a la mente, conseguimos acallar el mono loco mental que no para de bombardearnos con su incansable cháchara, nos enfocamos en las tareas del día a día, ganamos claridad y visión alejándonos de la confusión. También ganamos más memoria a corto plazo.

A nivel emocional, nos hallamos más equilibrados. Conseguimos digerir los acontecimientos externos cambiando el proyector. Es decir, dejamos de sentir que son las conductas de los demás los que influyen en nuestros sentimientos y emociones y pasamos a responsabilizarnos de nuestros pensamientos como origen de nuestra propia conducta y sentimientos que llevan aparejadas.

Y en un plano más sutil y elevado despertamos a la conciencia, es decir, nos empezamos a cuestionar el por qué y para qué estamos aquí, el significado de las cosas, comenzamos a vernos como parte integrante del universo y dejamos de considerarnos como seres separados e individuales.

Por tanto, con la alimentación macrobiótica renovamos la sangre, ésta nutre las células de los órganos siguiendo por modificar nuestro sistema nervioso y por último, elevando nuestro nivel de consciencia.

¡No está nada mal!