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Bueno Diosas, llegó el momento de parar. Pero un parón de verdad, para descansar, cuidarnos como nos merecemos,  leer, pasear por la naturaleza, bañarnos en el mar, disfrutar de nuestros seres queridos y por supuesto, conectar con nosotras mismas.

Ya está bien de tanta prisa, tanto estrés ¡y todo para ayer!

Vamos a acabar como el planeta tierra: incrementando la frecuencia vibratoria y desgastándonos como especie; perdonad, pero es que viviendo en una gran ciudad se hace imprescindible dar un carpetazo sobre la mesa y decir BASTA YA.

Lo de la frecuencia lo menciono porque he leído varios informes sobre la frecuencia Shumman; este físico constató que la tierra se rodea de un campo electromagnético que posee una resonancia de 7.83 pulsaciones por segundo. Es la responsable del equilibrio de la biosfera. Nuestro cerebro vibran en esa misma frecuencia: 7.83 hertzios y no podemos estar sanos fuera de ese rango.

Si cada día tenemos la impresión de que el tiempo pasa muy rápido es porque percibimos cómo el pulso de la tierra se acelera cada vez más. Y esto es así porque desde los años 80 la resonancia planetaria se ha elevado de 7.83 a 11 y 13 hz. Al ser una frecuencia desmedida, nuestro planeta busca la manera de recuperar su equilibrio natural, aunque para ello tanto la biosfera como los seres humanos pagaremos el precio. Ya lo estamos pagando, de hecho.

Antiguamente la frecuencia del planeta estaba en consonancia y armonía con los ciclos solares pero con la llegada de la industrialización, todo se volvió más acelerado, contractivo y estresante. Para equilibrar este despropósito, deberíamos cambiar nuestro estilo de vida: rebajar el ritmo, simplificar nuestro día a día, incorporar más dulzura y amor.

Justo lo que me propongo hacer en estos momentos.

¡¡Felices vacaciones!!